Uno sale a la calle y se encuentra rodeado de parejas de todo tipo, desde adolescentes magreando en un banco del parque, caminantes de la mano, jóvenes padres empujando bugaboos y bicis con ruedines, paseantes periódico bajo el brazo, parejas mayores tomando la fresca o ejercitando en el mobiliario urbano. Uno mas uno = dos. Algunos felices, otros algo menos, parejas que discuten , parejas que se adoran, parejas que se apoyan, que se acompañan. Uno dos, dos uno. Pareciendo haberlo olvidado, disfrutan de su inconsciente fortuna dando por hecho que siempre fue así. Pero el amor es jodido, es muy jodido. Es como uno de esos eclipses que solo ocurren cada tropecientos años cuando los planetas se alienan y de pronto el sol y la luna se hacen uno solapándose de manera casi perfecta.

Pero el checklist en muchas ocasiones pasa a un segundo plano cuando el mono darwiniano que llevamos dentro hace su aparición en escena y el ser más inesperado hace que el corazón se te pare y el estomago se comprima sin explicación posible. Por tanto, para que uno se enamore (en el sentido más profundo de la palabra que no hay que confundir con el mero calentón) tienen que darse simultáneamente dos elementos: (i)uno racional: que pase nuestro listón mínimo de exigencia para que nos atraiga como persona; y (ii) otro animal: que nos ponga como las cabras, y esto muy señores míos, te pasa o no te pasa y no hay remedio posible. Todos hemos tenido ese amigo o esa amiga con la que nos llevamos genial, nos lo pasamos bien, nos compenetramos, nuestra pareja ideal, pero que por alguna razón inexplicable (obviando las situaciones de cardismos extemos) no nos levanta ni la más mínima de las pasiones. Algunos valientes hasta lo hemos intentado, dar una oportunidad a la racionalidad del amor, pero el animal interno es poderoso y acaba exigiendo lo que quiere. Primer plantea en línea, jodido. Y no creo que haga falta mencionar que a medida que uno va creciendo el nivel de exigencia es inversamente proporcional a la cantidad de peces en el mar.



Si redujéramos el nacimiento de la pareja a una fórmula matemática, sería algo parecido a esto:
Enamorado A (checklist + Chita)/ Enamorado B (cheklist + Chita) + Enamorado B (Checklist + Chita)/Enamorado A (Checklist + Chita) + Right Timing =Pareja
Considerando la volatilidad de las múltiples variables se podría decir que las probabilidades de que funcione con alguien son muy pequeñas.

Dándose los elementos esenciales, el enamorarse y ser correspondido, que es ya la leche!, creo que muchas situaciones de bad timing se podrían dar la vuelta si fuéramos verdaderamente conscientes de lo extraordinario de la situación y nos lanzásemos a dar ese salto de fé como Indiana Jones en la Última Cruzada. Tampoco estoy pretendiendo animaros a saltar de un puente sin cuerdas o que dejéis los paracaídas en casa antes de tiraros del avión, pero si que simplifiquemos y dejemos muchas tonterías y miedos de lado. Un back to basics.
A los que lo han conseguido les daría la enhorabuena, a los que lo buscan les diría que no perdieran el tiempo (demasiadas variables fuera de control), y a los que han conseguido juntar las dos piezas básicas del puzzle, les animaría a pegar el salto porque así es el Jodido Milagro del Amor. Jodido pero maravilloso.
Muy bueno Kitty. ¡Y qué razón tienes! Tu fuiste parte de mu good timing!!!!
ResponderEliminarGrande, Gusss!!! Resumes de forma clara y amena una valiosa lección que suele costar décadas aprender.
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